
¿Y si lo que hoy te impide avanzar no es tu miedo, ni tu falta de fuerza, sino una promesa antigua que hiciste sin darte cuenta?
¿Y si no puedes vivir tu vida porque estás cargando con la de otra mujer que vino antes?
Muchas veces creemos que somos libres.
Pero caminamos por la vida con mochilas invisibles cargadas de historias, silencios, renuncias y heridas que no son nuestras.
Son de nuestras madres.
De nuestras abuelas.
De las mujeres que vinieron antes, que sobrevivieron como pudieron.
Y, sin saberlo, les hemos jurado fidelidad.
Lealtades que dicen:
—Si tú no pudiste, yo tampoco debo.
—Si tú sufriste, no puedo ser feliz.
—Si tú te callaste, ¿quién soy yo para alzar la voz?
En mis sesiones, en mis libros, en los relatos que llegan hasta mí, veo a mujeres brillantes, sensibles, poderosas… que se empequeñecen sin saber por qué.
Y cuando miramos con honestidad, muchas veces lo que encontramos no es debilidad, sino amor mal entendido.
Un amor que se expresa a través del sacrificio, la repetición o la culpa.
Como si traicionar esa historia fuera traicionar a las nuestras.
Pero hoy quiero decirte algo:
Honrar a las mujeres que te precedieron no significa repetir su destino.
Puedes agradecer lo que vivieron, reconocer su dolor, y elegir distinto.
Puedes soltar esa cadena sin amor.
Puedes vivir tu vida —la tuya, no la prestada.
Y si algún día dudas, pregúntate esto:
¿Qué me diría mi abuela si me viera feliz?
¿No crees que, en el fondo, lo que más desearía es que tú no tuvieras que repetir lo mismo?
Este blog es también para eso: para mirar lo que no se ve, para contar lo que ha sido callado, para escribir la historia desde otro lugar.
¿Y tú? ¿Qué lealtad estás lista para soltar?
Te leo.
—
Mar / Nereth

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