Ayer leí este texto en la presentación de 100 miradas eróticas, del que soy coautora, en la Casa de la Mujer de mi ciudad, junto a @alcorconfeminismo, y hoy quiero compartirlo contigo.8M ·

Edadismo y erotismo: cuando el deseo no pide DNI.
Quiero poner sobre la mesa un prejuicio silencioso, de esos que no siempre insultan… pero sí condicionan: el edadismo.
Ese mensaje que se cuela con voz de “consejo” y cara de inocente:
A tu edad… ya no toca.
Ya no toca ilusionarse.
Ya no toca empezar.
Ya no toca ponerse “eso”.
Ya no toca desear… y, por supuesto, ya no toca ser deseada.
Y cuando el edadismo se cruza con el erotismo, aparece el gran tabú: la mujer adulta deseante.
La mujer que elige.
La mujer que no se apaga.
La mujer que dice “sí”… y también dice “no”.
Y aquí lo digo sin rodeos: el deseo no envejece. Lo que envejecen son las ideas que nos han contado sobre el deseo. El guion que nos vendieron (y que ya no nos cabe)
Nos vendieron un guion rígido y cansado:
Joven = deseable.
Madre = pausa, cansancio, “ahora no”.
Mayor = ternura… pero no erotismo.
Y ese guion trae auditoría estética incluida: arrugas, canas, cambios hormonales, cicatrices… como si el cuerpo fuera un escaparate y no un hogar.
Pero el cuerpo es un mapa de vida. Y un mapa no se estropea: se llena de historia.
Erotismo no es “ser sexy”. Erotismo es estar viva.
Una de las trampas más modernas es confundir erotismo con “ser sexy para otros”.
Ser sexy puede estar genial si te divierte.
Pero si te esclaviza, entonces no es poder: es presión.
El erotismo real no es actuar, ni rendir, ni encajar.
El erotismo es energía de vida: presencia, piel, curiosidad, juego, ternura, placer… y dignidad.Y sí: con la edad cambia. Pero no se rompe: se afina. Se vuelve más honesto. Más tuyo. Con menos teatro y más verdad. (Además, seamos sinceras: el deseo no se jubila; lo que se jubila es la paciencia con quien no sabe tratarnos bien.)
La cultura del escaparate: mucha imagen, poca intimidad. Vivimos tiempos curiosos: hiperexposición y poca intimidad. Mucho “me gusta” y poco “me siento”. Mucha imagen y poca verdad. Las redes han amplificado dos cosas a la vez: una estética dominante que vende juventud eterna, y, por suerte, conversaciones más valientes sobre deseo, consentimiento, límites, placer y diversidad. Estamos en un momento bisagra: se abre una puerta… pero aún chirría. Y ahí el edadismo hace su jugada favorita: convencerte de que tu cuerpo ya no “cuenta”. Pues no. El deseo no pide DNI. Pide contexto. Pide cuidado. Pide tiempo. Pide confianza.
Menopausia y cambios: el cuerpo no falla, el cuerpo habla.
Hablemos claro: el cuerpo cambia. Cambia la energía, el sueño, el ánimo, la sensibilidad… y también la respuesta sexual. Eso no es un fallo. Es un lenguaje. Lo adulto no es aguantar ni arreglarse por obligación. Lo adulto es escuchar, informarse, cuidarse y elegir opciones.
Y desmontemos un mito muy dañino: “si no hay espontaneidad, no hay deseo”. Falso. El deseo muchas veces es reactivo: aparece cuando hay seguridad, calma, vínculo, juego, presencia. No estás rota. Estás humana.
«Bajo el sol de Ámbar» : el jardinero como metáfora (sin spoiler)
En mi relato, «Bajo el sol de Ámbar» , aparece un personaje al que llamo Ámbar: el jardinero. Y me gusta pensarlo como metáfora, porque un jardinero no le exige juventud eterna a la vida:no regaña a la hoja por cambiar de color,no se pelea con el paso del tiempo. El jardinero observa. Riega lo que importa. Poda lo que estorba. Protege lo frágil.Y crea condiciones para que la vida vuelva a florecer. Y esa es la metáfora que me interesa hoy: el erotismo como cultivo, no como examen. No como “volver a los 20”, sino como aprender a habitarte mejor. Poda de culpas. Riego de autoestima. Sol de presencia.Y respeto por los tiempos de cada cuerpo. Porque cuando el cuerpo se siente vivo, el edadismo se queda sin argumentos.
Tres ideas prácticas para desmontar el edadismo en tu intimidad.
Aquí no venimos solo a reflexionar bonito. Venimos a llevarnos algo usable.
1) Cambia la pregunta: No es: “¿soy deseable?” Es: “¿me deseo yo?” ¿Me trato con respeto? ¿Me miro con cariño? ¿Me doy permiso para disfrutar sin justificarme?
2) Recupera la intimidad contigo. El erotismo empieza mucho antes de la cama. Empieza cuando tu cuerpo deja de ser un proyecto y vuelve a ser tu casa.
Una práctica sencilla: 3 respiraciones lentas, mano en el pecho o vientre, y esta frase: Hoy me habito con amabilidad.
3) Haz un acuerdo contigo (no con el juicio ajeno) . Elige un límite o un permiso para esta semana: Un “no” que te proteja. Un “sí” que te devuelva vida. O un “más despacio” que te permita sentir.
Mini ritual de 40 segundos (por si te apetece hacerlo ahora)
Respira una vez, lento.Y repite por dentro:
«Mi deseo es legítimo. Mi cuerpo no tiene fecha de caducidad. Yo decido cómo me habito» .
El edadismo se combate con derechos, con cultura y con representación… sí. Pero también con una decisión íntima y valiente: una mujer que se permite vivir plenamente, a cualquier edad. Y eso, hoy, es profundamente feminista.
Te leo en comentarios:
¿Cuál ha sido la frase edadista más “educada” que te ha hecho daño… y qué te gustaría responder hoy, con calma y con poder?
Si este texto te ha resonado, compártelo con una mujer que necesite recordar que su deseo no tiene fecha de caducidad.
P.D. Por si te apetece leerlo completo: el relato “Bajo el sol de Ámbar” no solo forma parte de 100 miradas eróticas; también lo encontrarás en mi libro «Encuentros bajo la piel» en mi sección Libros. 💛

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