
Hay fines de semana que empiezan ya cansados. Llegamos al viernes arrastrando la semana, con la cabeza llena, el cuerpo pidiendo tregua y esa sensación tan conocida de ir tarde incluso cuando, en teoría, ya deberíamos poder aflojar. Y sin embargo, muchas veces hacemos justo lo contrario: llenamos el finde de recados, planes, obligaciones pendientes, tareas domésticas y esa absurda expectativa de “aprovecharlo bien”.
Como si descansar tuviera que merecerse.
Como si parar fuera una negligencia.
Como si cuidarnos fuese un premio y no una necesidad.
Por eso nace hoy este espacio en Toca Cuidarme: Autocuidado para el finde.
Una serie de publicaciones para acompañarte cada jueves con una idea sencilla pero poderosa: el fin de semana no tiene que ser perfecto, productivo ni instagramable. Tiene que sentarte bien. A ti. A tu cuerpo. A tu mente. A tu momento vital. A la mujer que eres cuando nadie te está mirando ni pidiendo nada.
Porque hay fines de semana en los que necesitas silencio.
Otros, necesitas compañía.
A veces te hace falta dormir.
A veces llorar un poco, ordenar un cajón, dar un paseo largo o apagar el móvil un rato.
Y a veces, siendo honestas, lo que necesitas no es “hacer autocuidado” de manual, sino dejar de exigirte tanto. Que ya sería bastante revolucionario.
Hablar de autocuidado no es hablar solo de velas, infusiones bonitas o baños con música suave, aunque todo eso tenga su encanto y tampoco vamos a ponernos intensas con el albornoz. Hablar de autocuidado es hablar de escucharte. De detectar qué te está pasando antes de que tu cuerpo tenga que gritarlo. De tratarte con algo más de respeto interno y algo menos de dureza automática.
A veces el mejor plan para el finde no es salir, rendir, aprovechar o resolver la vida entera en 48 horas.
A veces el mejor plan es este:
— dormir un poco más
— comer con calma
— no decir que sí por compromiso
— trabajar un cambio
— dejar algo sin hacer
— darte permiso para no estar disponible para todo el mundo
Eso también es cuidarte.
Y no, no siempre es fácil. Sobre todo si eres una mujer acostumbrada a sostener, organizar, anticipar, acompañar, resolver y estar pendiente de todo. Muchas habéis aprendido a cuidar muy bien de los demás y bastante regular de vosotras mismas. No por falta de inteligencia. No por falta de herramientas. Sino por costumbre, por educación, por exigencia, por culpa… y por ese viejo hábito de dejarte para después.
Pero después no siempre llega.
Por eso este primer jueves quiero dejarte una pregunta sencilla para abrir la serie:
¿Qué necesito de verdad este fin de semana para sentirme un poco mejor?
No lo que deberías hacer.
No lo que esperan de ti.
No lo que queda mejor dicho en voz alta.
Lo que necesitas de verdad.
Quizá la respuesta sea descanso.
Quizá sea distancia.
Quizá sea placer sencillo.
Quizá sea escribir.
Quizá sea no hacer planes.
Quizá sea poner un límite.
Quizá sea darte cuenta de que estás más cansada de lo que admites.
Sea lo que sea, empieza por ahí.
No desde la perfección.
No desde la culpa.
No desde otro listado imposible.
Empieza desde ti.
Porque cuidarte no es un lujo de fin de semana.
Es una forma de no perderte del todo entre semana.
Y a veces, sí, cuidarte también puede empezar un jueves.

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