
Mi respuesta es clara: La llave de la puerta la tienes tú.
Y sí, aunque pueda parecer poco objetivo porque lo he escrito yo, la verdad es que lo releo cuando necesito recuperar fuerza y recordar algo esencial: que muchas veces no nos falta salida, nos falta recordar que la llave sigue en nuestra mano.
Es un libro al que vuelvo cuando necesito perspectiva, ánimo y verdad. Entre sus páginas no solo está lo que escribí en un momento determinado de mi vida, también está una parte de mí que aprendió a resistir, a comprender y a seguir adelante.
Releerlo es, de alguna manera, reencontrarme con esa mujer que supo poner palabras a lo que dolía, a lo que costaba y también a lo que era posible.
A veces pensamos que los libros solo acompañan a quienes los leen. Pero algunos, además, sostienen también a quien los escribió. Este es uno de ellos para mí.
Volver a La llave de la puerta la tienes tú es recordar que incluso en los momentos más difíciles seguimos teniendo recursos, voz, dignidad y una salida posible. Y que, aunque a veces se nos olvide, hay puertas que siguen esperando a ser abiertas desde dentro.
Hay libros que entretienen.
Hay libros que enseñan.
Y hay libros que, cuando una los necesita, le devuelven fuerza.
Este, para mí, es uno de ellos.

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