
Me saca de mis casillas que se dé por hecho que siempre vas a estar, que siempre vas a ayudar, que siempre vas a ceder o incluso regalar tu tiempo, tu energía y tu cuidado solo porque eres cercana, porque quieres o porque alguna vez dijiste sí. No me molesta dar. No me molesta ayudar. Lo que me molesta es que la generosidad se convierta en obligación silenciosa y que, en muchas ocasiones, ni siquiera vaya acompañada de un gracias.
Creo que estamos confundiendo demasiado el amor con la disponibilidad infinita. Como si querer a alguien significara estar siempre, sostener siempre, resolver siempre y no esperar nunca ni reconocimiento, ni reciprocidad, ni respeto. Y no. Amar no es vaciarse para que otros se acostumbren a recibir. Amar también es saber agradecer, cuidar el vínculo y no abusar del corazón de quien tantas veces está.
Porque quien te ama no da por hecho tu entrega: la valora y respeta.

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